Te odio.
Pero no eres tú.
Es la idea de ti,
es tu imagen,
tu fantasma que aparece cuando menos lo espero.
Tu escencia que invade mis vagos pensamientos,
que no me deja dormir de noche
ni vivir sin sentir la ansiedad de verte.
Creí encontrar una hermosa flor al conocerte,
brillante y única entre la maleza,
pero ahora me doy cuenta de que tu belleza es venenosa
y estoy intoxicado, corrompido con locura.
Intento encadenarme para no destruir la vida
con tal de acercarme y conocerte,
pero se hace más difícil cada día.
Quizás me libere la poesía,
aunque sé que seguirás apareciendo
y te seguiré odiando.
Pero no serás tú.
Será tu imagen, tu fantasma.
No, nunca podría odiarte,
no existe razón alguna.