lunes, 28 de mayo de 2012

Lejos.

Nadie supo dónde, ni cómo. Solo saben que se fue. No volvió a su casa, no volvió a clases. Nunca más llamó, ni escribió. Ni los carabineros, ni la PDI, nadie fue capaz de encontrarlo. Sus amigos lo buscaban por todas partes, tenían su perfil de facebook de página de inicio, por si alguna vez había algo nuevo. Lloraban, muchos lloraban. Su familia, destruida. Su madre no pudo soportarlo, tuvieron que internarla. Su padre se apagó, se fue a pasar lo que le quedaba sentado en una casa por ahí en el sur. Todos los planes que tenía se fueron en alguna caja cuando vendió el departamento. Su hermana se fue lejos, ya no quería saber nada. El resto, todos lo recordaban, cuando chico, cuando grande, trataban de traerlo de vuelta en sus cabezas.
Yo sé lo que pasó ese día. Salió temprano, iba a la universidad, pero cuando estaba arriba del metro, decidió cambiar de rumbo. Se bajó en un lugar que no conocía, caminó varias cuadras, encontró una plaza. Se sentó en una banca, pensaba, pero no estaba ahí en ese momento...
La mayoría de la gente cree que la magia no existe. Muchos otros, charlatanes, engañan diciendo un par de palabras inventadas, moviendo las manos, haciendo pociones de perejil con coca-cola. Otros fantasean, inventan mundos de dragones en el que pintan personas capaces de tirar bolas de fuego. Así no funciona la magia. Para que ocurra tiene que haber un deseo muy profundo, una idea muy clara, un alineamiento del ser en la dirección correcta. Un ritual perfecto, no con ramitas de agua bendita, no con sangre ni dibujos en la tierra. Debe ser un latido, una canción al unísono del alma, del cuerpo, de la mente, de la vida.
Así estaba, sentado en la plaza, todo latiendo en conjunto, su mente giraba, su energía se alineaba, el viento, la gente que pasaba.
Su deseo estaba claro, irse lejos, ser libre, volar.
Su idea, un pájaro.
Ya no iba a molestar a nadie, todo seguiría su curso. Sabía que haría sufrir a los demás, pero su decisión estaba tomada. Ya había empezado, se desprendía de su cuerpo, abstraído totalmente. Comenzaba a latir, a contratiempo como siempre latió. Cada vez más fuerte, su respiración se agitaba, su entorno desaparecía, se oscurecía, temblaba, lloraba.
Y de un momento a otro, ya no estuvo. En su lugar quedó un gran pájaro negro, un cuervo. Nadie lo notó, en esta ciudad nadie mira quién está sentado en la otra banca. Así permaneció unos minutos, reconociendo su nuevo ser, adaptándose a su nueva vida. Luego voló. Nunca más nadie lo volvería a ver. Ni le importaba.

miércoles, 23 de mayo de 2012

23 de Mayo, 1012

La vida se disuelve. Cada momento es un sueño, el pasado se nubla, el futuro es oscuro. La locura, riendo en cada esquina, en el metro, en mi cabeza. Se asoma, se sienta, me mira. Trato de enfocarme, sensaciones del pasado vuelven a despertarme. Todo es claro una vez más, los colores, las personas, la vida. Pero no dura más de un segundo. Caigo nuevamente en el eterno pozo, la vida otra vez deja de existir, de ser. Abstraído totalmente miro alrededor. Me pregunto qué hago aquí, miro mis manos, las junto, trato de sentirlas. Todo es tan raro, se siente tan falso. ¿Cómo es el mundo real? Apenas me acuerdo... ¿o es solamente cómo imagino que sería?, ¿y si estoy equivocado?, ¿si la vida es así nada más? Tal vez fue la tele, o jugar tanto al computador, o mi madre. No sé. Son solo ilusiones, mi mente jugando con mi conciencia. O solamente una tontera. Escucho fantasmas, me llaman a volver a la vida. No puedo, no la entiendo. Pero sigo, al menos este momento es cierto, al menos el ahora tiene sentido. Este instante en el que sé que soy yo. Pero, ¿quién es yo?
No sé nada. Ya olvidé todo. Y seguramente me equivoco. Pero parece que no se dan cuenta, por eso puedo seguir caminando entre la vida, puedo seguir tratando de entender, sin que a nadie le moleste, sin que nadie me detenga. Como una flecha arrazante, veloz como ninguna. Subliminalmente trascendente. Oculto entre los pliegues, flotando como un espectro sin importarme nada, ni la vida, ni la muerte. Libre de las cadenas, dueño de mi libertad. No tengo camino, no tengo brújula que me guíe, dejé todo eso por ahí en alguna parte. Solo un motor que avanza cuando quiere y un conductor sin rumbo que no le importa la ruta, solo la sigue.