La tierra se abrirá, el cielo caerá y las llamas del infierno arderán sobre el mundo.
No tengo mucho tiempo. Hace ya algunas horas se desató el Armaggedon, Apocalípsis, el Fin de los Tiempos, Ragnarök, como quieran llamarlo. Sin embargo, no estoy nervioso. Creo que ya he aceptado el destino al cual ha llegado nuestro mundo. En este momento puedo ver por mi ventana cómo los demonios persiguen y devoran a mis horrorizados vecinos. Algunos alados, más grandes, lanzan fuego y hacen arder todo a su paso. El suelo se abré en varias partes de la calle y de aquellas grietas surge la ardiente sangre del subsuelo. Y mientras todos corren despavoridos, yo espero a que esos enviados del infierno me encuentren. "La ci darem la mano" de Mozart surge de la vieja radio que me acompañó tantas noches de trabajo. Escucho cómo golpean fuertemente la puerta y eventualmente la botan. Les tomará aún algunos minutos llegar al estudio. Aún cuando tenía esperanza bloqueé las escaleras del primer al segundo piso con los muebles que pude mover. El acceso al tercer piso donde está el estudio es una escalera de caracól bastante angosta y estos seres son bastante grandes y corpulentos, por lo que les costará subir. Un estruendo me indica que la barricada fue destruida. Han de estar revisando el segundo piso. No tardarán en llegar hasta mi. Si alguien lee estas líneas, que se sienta afortunado de estar aún vivo. Aunque no sé si estar vivo en un mundo asolado por los engendros del abismo sea tener buena suerte. Al escuchar el ruido chirriante del metal sé que suben la escalera. La canción ha terminado y con ella, mi tiempo.
martes, 16 de noviembre de 2010
domingo, 14 de noviembre de 2010
Esta podría ser la historia de algun personaje que podría incluir en un proyecto que tengo.
Corrección: después de escribirlo me decidí a integrarlo definitivamente.
La noche se acercaba y decidimos detenernos y descansar para continuar al siguiente día. Preparé una fogata y cuando el fuego daba la unica luz que caía sobre mi entorno, mi acompañante se sentó frente a mí. A pesar de que su semblante me incomodaba, la intriga era más fuerte, por lo que me atreví a entablar una conversación.
- Bueno, cuentame un poco de tu hstoria. Me gustaría saber con quien comparto mi camino.
Su rostro se volvió hacia mí y noté que la luz que le alumbraba le daba un aspecto más agradable que lo que ví durante el día. Aclaró su garganta y comenzó calmadamente a relatar.
- Caín, el asesino. Condenado a no recibir fruto de su trabajo y a vagar por la tierra llevando una marca que lo protegería de los demás hombres. "Me vengaré siete veces de quien mate a Caín" fue la sentencia divina. Sus hijos heredarían la señal, y también los hijos de sus hijos, y así hasta el fin de los tiempos. Ahora, miles de años después de la disputa entre Abel y su hermano, cuando la descendencia de Caín se ha perdido, sé que llevo la señal. La sangre, sin duda, no fue el conducto de la maldción. Es mi alma la que está manchada con la sangre de Abel y con ello, la marca cae sobre mi cabeza. No es, a pesar de lo que se pueda creer, una molestia, es más bien un don. Soy diferente a los demás, lo puedo sentir. Condenado a vagar por la tierra, alejado de los hombres, sintiendo un peculiar llamado hacía todas y ninguna parte. Siento el llamado de Caín, pero por más que lo persigo, no logro alcanzarlo. Me he visto forzado a derramar la sangre de otros, de robar sus bienes, con tal de seguir mi peregrinaje. ¿Será mi destino la ciudad de Henoc, en la tierra de Nod? ¿Hay más hijos de Caín? ¿Y si existen, son mis hermanos quienes me llaman? No lo sé, pero espero que así sea.
- Vaya, esa sí que es una interesante historia. ¿Pero cómo sabes que llevas la marca de Caín y que ese llamado es real y no simplemente paranoia?
Al formular la pregunta, su rostro se tornó sombrío como las tinieblas, sus ojos se fijaron en los míos con una profundidad aterradora y luego de unos segundos habló con una voz aún más grave y gélida.
- No lo comprenderías a menos de que fueras uno de nosotros. Tus palabras, he de suponer, no son más que las de un hombre que no conoce otra cara de la vida más que la que se le ha mostrado. Pero no dudes que al final de tu viaje me comprenderás. Puedo ver que en tí está naciendo algo que te hará ver aquello que está oculto.
Luego, calló y se retiró a sus quehaceres. Yo quedé atónito, aterrorizado por el cambio en su actitud y por su augurio. El fuego se extinguió y también lo hice yo. Me dispuse a dormir, pero la conversación me tenía intranquilo. Caí finalmente en un profundo sueño.
Corrección: después de escribirlo me decidí a integrarlo definitivamente.
La noche se acercaba y decidimos detenernos y descansar para continuar al siguiente día. Preparé una fogata y cuando el fuego daba la unica luz que caía sobre mi entorno, mi acompañante se sentó frente a mí. A pesar de que su semblante me incomodaba, la intriga era más fuerte, por lo que me atreví a entablar una conversación.
- Bueno, cuentame un poco de tu hstoria. Me gustaría saber con quien comparto mi camino.
Su rostro se volvió hacia mí y noté que la luz que le alumbraba le daba un aspecto más agradable que lo que ví durante el día. Aclaró su garganta y comenzó calmadamente a relatar.
- Caín, el asesino. Condenado a no recibir fruto de su trabajo y a vagar por la tierra llevando una marca que lo protegería de los demás hombres. "Me vengaré siete veces de quien mate a Caín" fue la sentencia divina. Sus hijos heredarían la señal, y también los hijos de sus hijos, y así hasta el fin de los tiempos. Ahora, miles de años después de la disputa entre Abel y su hermano, cuando la descendencia de Caín se ha perdido, sé que llevo la señal. La sangre, sin duda, no fue el conducto de la maldción. Es mi alma la que está manchada con la sangre de Abel y con ello, la marca cae sobre mi cabeza. No es, a pesar de lo que se pueda creer, una molestia, es más bien un don. Soy diferente a los demás, lo puedo sentir. Condenado a vagar por la tierra, alejado de los hombres, sintiendo un peculiar llamado hacía todas y ninguna parte. Siento el llamado de Caín, pero por más que lo persigo, no logro alcanzarlo. Me he visto forzado a derramar la sangre de otros, de robar sus bienes, con tal de seguir mi peregrinaje. ¿Será mi destino la ciudad de Henoc, en la tierra de Nod? ¿Hay más hijos de Caín? ¿Y si existen, son mis hermanos quienes me llaman? No lo sé, pero espero que así sea.
- Vaya, esa sí que es una interesante historia. ¿Pero cómo sabes que llevas la marca de Caín y que ese llamado es real y no simplemente paranoia?
Al formular la pregunta, su rostro se tornó sombrío como las tinieblas, sus ojos se fijaron en los míos con una profundidad aterradora y luego de unos segundos habló con una voz aún más grave y gélida.
- No lo comprenderías a menos de que fueras uno de nosotros. Tus palabras, he de suponer, no son más que las de un hombre que no conoce otra cara de la vida más que la que se le ha mostrado. Pero no dudes que al final de tu viaje me comprenderás. Puedo ver que en tí está naciendo algo que te hará ver aquello que está oculto.
Luego, calló y se retiró a sus quehaceres. Yo quedé atónito, aterrorizado por el cambio en su actitud y por su augurio. El fuego se extinguió y también lo hice yo. Me dispuse a dormir, pero la conversación me tenía intranquilo. Caí finalmente en un profundo sueño.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)