martes, 16 de noviembre de 2010

La tierra se abrirá, el cielo caerá y las llamas del infierno arderán sobre el mundo.

La tierra se abrirá, el cielo caerá y las llamas del infierno arderán sobre el mundo.

No tengo mucho tiempo. Hace ya algunas horas se desató el Armaggedon, Apocalípsis, el Fin de los Tiempos, Ragnarök, como quieran llamarlo. Sin embargo, no estoy nervioso. Creo que ya he aceptado el destino al cual ha llegado nuestro mundo. En este momento puedo ver por mi ventana cómo los demonios persiguen y devoran a mis horrorizados vecinos. Algunos alados, más grandes, lanzan fuego y hacen arder todo a su paso. El suelo se abré en varias partes de la calle y de aquellas grietas surge la ardiente sangre del subsuelo. Y mientras todos corren despavoridos, yo espero a que esos enviados del infierno me encuentren. "La ci darem la mano" de Mozart surge de la vieja radio que me acompañó tantas noches de trabajo. Escucho cómo golpean fuertemente la puerta y eventualmente la botan. Les tomará aún algunos minutos llegar al estudio. Aún cuando tenía esperanza bloqueé las escaleras del primer al segundo piso con los muebles que pude mover. El acceso al tercer piso donde está el estudio es una escalera de caracól bastante angosta y estos seres son bastante grandes y corpulentos, por lo que les costará subir. Un estruendo me indica que la barricada fue destruida. Han de estar revisando el segundo piso. No tardarán en llegar hasta mi. Si alguien lee estas líneas, que se sienta afortunado de estar aún vivo. Aunque no sé si estar vivo en un mundo asolado por los engendros del abismo sea tener buena suerte. Al escuchar el ruido chirriante del metal sé que suben la escalera. La canción ha terminado y con ella, mi tiempo.

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