Esta podría ser la historia de algun personaje que podría incluir en un proyecto que tengo.
Corrección: después de escribirlo me decidí a integrarlo definitivamente.
La noche se acercaba y decidimos detenernos y descansar para continuar al siguiente día. Preparé una fogata y cuando el fuego daba la unica luz que caía sobre mi entorno, mi acompañante se sentó frente a mí. A pesar de que su semblante me incomodaba, la intriga era más fuerte, por lo que me atreví a entablar una conversación.
- Bueno, cuentame un poco de tu hstoria. Me gustaría saber con quien comparto mi camino.
Su rostro se volvió hacia mí y noté que la luz que le alumbraba le daba un aspecto más agradable que lo que ví durante el día. Aclaró su garganta y comenzó calmadamente a relatar.
- Caín, el asesino. Condenado a no recibir fruto de su trabajo y a vagar por la tierra llevando una marca que lo protegería de los demás hombres. "Me vengaré siete veces de quien mate a Caín" fue la sentencia divina. Sus hijos heredarían la señal, y también los hijos de sus hijos, y así hasta el fin de los tiempos. Ahora, miles de años después de la disputa entre Abel y su hermano, cuando la descendencia de Caín se ha perdido, sé que llevo la señal. La sangre, sin duda, no fue el conducto de la maldción. Es mi alma la que está manchada con la sangre de Abel y con ello, la marca cae sobre mi cabeza. No es, a pesar de lo que se pueda creer, una molestia, es más bien un don. Soy diferente a los demás, lo puedo sentir. Condenado a vagar por la tierra, alejado de los hombres, sintiendo un peculiar llamado hacía todas y ninguna parte. Siento el llamado de Caín, pero por más que lo persigo, no logro alcanzarlo. Me he visto forzado a derramar la sangre de otros, de robar sus bienes, con tal de seguir mi peregrinaje. ¿Será mi destino la ciudad de Henoc, en la tierra de Nod? ¿Hay más hijos de Caín? ¿Y si existen, son mis hermanos quienes me llaman? No lo sé, pero espero que así sea.
- Vaya, esa sí que es una interesante historia. ¿Pero cómo sabes que llevas la marca de Caín y que ese llamado es real y no simplemente paranoia?
Al formular la pregunta, su rostro se tornó sombrío como las tinieblas, sus ojos se fijaron en los míos con una profundidad aterradora y luego de unos segundos habló con una voz aún más grave y gélida.
- No lo comprenderías a menos de que fueras uno de nosotros. Tus palabras, he de suponer, no son más que las de un hombre que no conoce otra cara de la vida más que la que se le ha mostrado. Pero no dudes que al final de tu viaje me comprenderás. Puedo ver que en tí está naciendo algo que te hará ver aquello que está oculto.
Luego, calló y se retiró a sus quehaceres. Yo quedé atónito, aterrorizado por el cambio en su actitud y por su augurio. El fuego se extinguió y también lo hice yo. Me dispuse a dormir, pero la conversación me tenía intranquilo. Caí finalmente en un profundo sueño.
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