A veces de niños, otras de adultos.
Todos van, al menos una vez.
Muchos vuelven a ir una, dos o miles de veces.
Unos pocos... se quedan.
Mi caso es bien particular, me consegui un boleto premium de ida y vuelta, es decir, podía ir y volver cuando me diera la gana.
Me encantaba, era mi lugar secreto, un escondite de las penas que día a día la realidad me daba, el lugar perfecto para tonterías, ideas, recuerdos, inventos, aventuras...
Lo más curioso es que aún desde mi wonderland podía ver lo que pasaba afuera, incluso comunicarme con el exterior, hablar a través de coloridas ventanas, ver la vida a través de un caleidoscopio.
Pero el tiempo cambia las cosas y mi tierra maravillosa no era inmune.
Las puertas de entrada parecían cada vez más amplias, y las de salida cada vez más pequeñas.
Al principio no me importó mucho, lo pasaba bien ahí dentro.
El quiebre ocurrió cuando, estando dentro, las puertas desaparecieron.
No me di cuenta sino hasta que quise volver a la realidad, pensé que me había perdido, pero no, siempre habían estado ahí.
DÓNDE ESTAN, QUÉ HICIERON CON LAS PUERTAS.
Y lo comprendí, no me querían a dejar salir.
Estaba atrapado en lo que alguna vez fue mi lugar favorito, pero que ahora amenazaba con destruirme.
Atrapado por siempre en un ciclo infinito de tonterías, ideas, recuerdos, inventos, aventuras, miedos.
Miedo.
Fue lo primero que sentí.
Miedo a quedarme por siempre allí.
Miedo a que afuera la vida siguiera, que me olvidaran, que no me rescataran.
Caí abatido, pero me recompuse. Tenía que hacerlo. Tenía que salir de ahí.
Caminé solo por la oscuridad de aquel horrible lugar, escuchando sólo el eco de mis pasos, sólo mi respiración acelerada.
Caminé solo por la oscuridad de aquel horrible lugar, escuchando sólo el eco de mis pasos, sólo mi respiración acelerada.
Y caminando, caminando, caminando, caminando, llegué al mundo real.
No me di cuenta, solo caminé, con la cabeza gacha, un paso después del otro, solo siguiendo, esperando encontrar la respuesta, temeroso de perderme en el intento, de perderme y finalmente abandonar mi marcha, o decididamente detener mi aventura en un acto desesperado de locura.
Pero ahí estaba, nuevamente la realidad.
Todo seguía igual, como siempre había sido.
Todo seguía igual, como siempre había sido.
Excepto que yo era distinto.
Todo tenía ahora un matiz de duda.
¿Y si es solamente una copia del mundo de afuera?
¿Y si yo mismo modifiqué mi wonderland para que mi conciencia estuviese tranquila?
Ya no confiaba en nada. Ni en mi mente, ni en mi cuerpo, ni en mis amigos, ni en mi familia.
Todos podían ser enmascarados. Hasta yo.
Pero el tiempo se encargó de acostumbrarme.
Terminé por creerme mis explicaciones.
Total, solo me queda confiar en que todo está perfectamente bien.
Aunque muy en el fondo siempre me lo cuestione.
Aunque muy en el fondo siga existiendo el miedo.
Aunque la tierra de las horrosas maravillas me siga llamando.
Aunque quizás quiera volver a entrar, por los viejos tiempos.
Pero el tiempo se encargó de acostumbrarme.
Terminé por creerme mis explicaciones.
Total, solo me queda confiar en que todo está perfectamente bien.
Aunque muy en el fondo siempre me lo cuestione.
Aunque muy en el fondo siga existiendo el miedo.
Aunque la tierra de las horrosas maravillas me siga llamando.
Aunque quizás quiera volver a entrar, por los viejos tiempos.
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